Nuevos estudios sobre la prevención de la diabetes y sus daños en la visión.

Un análisis avanzado de imágenes oculares detecta daños tempranos de la diabetes tipo 2 antes de afectar la visión.

La diabetes tipo 2 no solo afecta al azúcar en sangre, sino que con el tiempo puede dañar muchos órganos del cuerpo, incluidos los ojos. Lo preocupante es que estos daños oculares pueden empezar mucho antes de que la persona note problemas de visión.

La retinopatía diabética representa la principal causa de ceguera entre adultos en edad productiva. Los datos recabados en un estudio de la Universidad de Coimbra indican que afecta a más de 130 millones de personas en todo el mundo, una cifra que va en aumento a medida que crece la prevalencia de la diabetes tipo 2.

Los avances de este estudio, publicado en Eye and Vision, revela que el análisis de imágenes por tomografía de coherencia óptica (OCT) permite identificar alteraciones microscópicas en la retina durante las etapas iniciales de la diabetes tipo 2, incluso antes de que aparezcan signos clínicos de la retinopatía diabética.

El daño ocular más conocido relacionado con la diabetes es la retinopatía diabética, suele diagnosticarse cuando ya hay notables cambios en los vasos sanguíneos de la retina, es decir, cuando los daños ya no son reversibles y las alternativas de tratamiento resultan limitadas. Sin embargo, los estudios más recientes indican que el ojo empieza a verse afectado mucho antes, a nivel microscópico y funcional. Gracias a nuevas tecnologías de imagen, ahora es posible observar estos cambios tempranos con mucha más precisión. Anticipar el diagnóstico podría facilitar la intervención clínica antes de que se produzcan daños irreversibles.

Estas técnicas avanzadas incluyen métodos como la tomografía de coherencia óptica (OCT) y otras herramientas de análisis digital de imágenes. A diferencia de los exámenes oftalmológicos tradicionales, que se centran en daños visibles, estas tecnologías permiten estudiar capas muy específicas del ojo, como la retina y la coroides, y analizar la estructura y el estado de los pequeños vasos sanguíneos y de las células nerviosas. Los investigadores han descubierto que en personas con diabetes tipo 2, incluso sin problemas de visión aparentes, ya pueden detectarse alteraciones en el grosor de la retina, en la densidad de los vasos o en la forma en que las células responden a estímulos.

A pesar del potencial, los autores y las propias fuentes como la Universidad de Coimbra y Eye and Vision advierten sobre la necesidad de cautela. Los resultados se obtuvieron en un modelo animal, por lo que no es recomendable extrapolarlos de manera directa a la población humana sin validación adicional.

Aunque las similitudes con los mecanismos observados en personas con diabetes tipo 2 resultan alentadoras, la fiabilidad del método deberá confirmarse con estudios clínicos específicos.

El equipo destaca que la robustez de la técnica, ya probada en modelos de diabetes tipo 1 y 2, proporciona una base firme, pero que la validación en ensayos con pacientes será determinante para su futura implementación en la práctica médica. Solo entonces se podrá evaluar si el diagnóstico precoz basado en el análisis de textura en OCT transforma realmente la prevención y el manejo de la retinopatía diabética.

Detectar señales microscópicas en la retina con herramientas de análisis avanzado podría llevar a una nueva era en la prevención y el tratamiento de una de las mayores amenazas visuales asociadas a la diabetes, permitiendo proteger la visión desde las fases más tempranas de la enfermedad.

Uno de los puntos más importantes de estos hallazgos es que el daño no empieza solo en los vasos sanguíneos, como se pensaba antes, sino también en el sistema nervioso del ojo. Esto sugiere que la diabetes afecta al ojo de una forma más compleja y temprana de lo que se creía. Detectar estos cambios a tiempo podría ayudar a identificar a las personas con mayor riesgo de desarrollar complicaciones visuales en el futuro.

En resumen, el análisis avanzado de imágenes oculares representa una herramienta muy prometedora para la detección temprana de daños asociados a la diabetes tipo 2. Este enfoque refuerza la idea de que los ojos no solo sirven para ver, sino que también pueden actuar como una “ventana” para evaluar la salud general del cuerpo.